En todas las sociedades se utilizan los términos de parentesco para designar por analogía las relaciones y los vínculos que establecen los individuos dentro de las diferentes organizaciones.
Se habla de linaje cuando los lazos son demostrados y genealógicamente trazados; y de clan cuando los lazos no son demostrables y la descendencia es "putativa" (Goody, 1975). Sobre su linaje el doctor Roberto De Zubiría escribió el libro "La familia De Zubiría en la Historia de Cartagena de Indias", editado por Utopos en Bogotá, año 2006; sobre el clan, al cual tuve la suerte de pertenecer, escribiré en este relato, en forma inconsulta, pero sobretodo, necesariamente, en forma incompleta
El parentesco ritual propio de los clanes tiene que ver más con el ideal fraterno que con el comportamiento real de los hermanos. Es, por tal razón, menos ambivalente, pero, igualmente, se verá sometido a las exigencias discordantes de las nuevas generaciones. Cuando los sentimientos personales propician una base de confianza entre los individuos, el clan puede constituirse en una fuerza integradora para la cohesión de una empresa o institución. El clan de hermanos muchas veces sustituye con éxito el poder y la autoridad de los padres, sobretodo cuando ellos han entrado en una crisis irreversible.
Cuando la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis se dividió a causa del distanciamiento entre los dos líderes que fungían de "padres" del llamado en ese tiempo "movimiento analítico", los doctores Arturo Lizarazo y José Francisco Socarrás, ocurrieron varios hechos propios de una situación crítica. Surgió la Asociación Psicoanalítica Colombiana, sin la vinculación a la organización internacional del psicoanálisis, es decir, a la Asociación Psicoanalítica Internacional (I.P.A.). Al permanecer por más de 30 años en esta circunstancia anómala, se fue extinguiendo la primera generación de analistas sin que hubiera tenido la oportunidad de liderar el proceso integracionista, con miras a la reincorporación de la institución a su entidad rectora, la I.P.A.
En efecto, el grupo que fundó la Asociación Psicoanalítica Colombiana, en Junio de 1962, quedó reducido a cuatro miembros en 1.994, año en el que se inició el proceso de ingreso a la I.P.A. bajo el patrocinio de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. Estos cuatro miembros fueron los doctores Alfonso Martínez Rueda, Roberto De Zubiría Consuegra, José A. Márquez Cuervo y Mario González Velásquez. Los otros fundadores, o bien se habían retirado de la Asociación, o lamentablemente habían fallecido. Ellos eran los doctores Gustavo Ángel Villegas, Julián Córdoba Carvajal, Henry García Escobar, Humberto Rosselli Quijano y Álvaro Villar Gaviria: En Junio de 1.991 murió el doctor Arturo Lizarazo y en noviembre del mismo año el doctor Alfonso Martínez. También murió el doctor José Francisco Socarrás, en 1.995, después de dar todo su apoyo a la Asociación para conseguir el anhelado propósito.
En tales circunstancias correspondió al "clan de hermanos", conformado por los doctores De Zubiría, Márquez y González, ingresar de nuevo a la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis para completar su formación y, a renglón seguido, impulsar las gestiones para la aceptación de la Asociación como sociedad componente de la I.P.A. Este grupo gestor tuvo que funcionar en adelante sin la tutela de las figuras parentales fundadoras de la institución.
He denominado "clan de "hermanos" a este trío por varias razones: nuestros análisis didácticos fueron con el mismo psicoanalista, Arturo Lizarazo (Roberto y José empezaron en 1.957 y yo lo hice en 1.958); pertenecimos a la misma promoción dentro de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis; compartimos intensamente los avatares de la formación; tuvimos el consultorio en el mismo edificio en los comienzos del ejercicio profesional como psicoanalistas (calle 60A # 5-54), lo cual facilitaba los encuentros extraanalíticos propicios al inexcusable “acting out”; nuestras vidas familiares se entrelazaron para disfrutar de gratos momentos de expansión en medio de la chispa irónica y mordaz, pero siempre inteligente y profunda, de Roberto, y de los apuntes de buen humor y alegre simpatía de José. Hasta intentamos crear una institución para implementar las posibles aplicaciones colectivas del psicoanálisis, como lo recordara hace un año el doctor Ítalo di Ruggiero Cozzarrelli. La sigla de esta organización era ORTEC y no OPEC como apareció en el Boletín de la Clínica Montserrat, marzo de 2007; estaba conformada por Roberto De Zubiría, su inspirador, además de José A. Márquez, Juan e Ítalo di Ruggiero, Hernando Gómez Valderrama y el suscrito. Roberto, como muchos hombres de fuertes inquietudes intelectuales, no ha sido el mejor organizador ni el mejor administrador y, al poco tiempo, ORTEC fracasó con la complicidad de todos los demás.
Lo que sí ha sido Roberto es el gran inspirador del psicoanálisis como acto terapéutico. También fue el gran inspirador del clan que reorganizó la Asociación Psicoanalítica Colombiana y la llevó a su reingreso a la comunidad psicoanalítica Internacional. Internista de primer orden en el campo académico y profesional de la medicina, psicoanalista creativo, investigador clínico en nuevas áreas de aplicación de la terapia analítica e intelectual de profundas y sólidas bases filosóficas y humanísticas, su obra es tan extensa que sería imposible estudiarla en esta breve reseña. Autor de libros sobre diferentes temas médicos y psicoanalíticos: "Orígenes del complejo de Edipo", publicado por Tercer Mundo en 1968; la " Biografía del doctor Antonio Vargas Reyes", publicado por la Academia Nacional de Medicina de Colombia en 1973; " La Medicina en la cultura Muisca", publicado por la Universidad Nacional en 1985; "La Medicina en el Descubrimiento de América", publicado por el Instituto Colombiano de Cultura Hispánica en 1992; y "Muerte y Psicoanálisis", editado por Grijalbo Ltda. En 1996. A estas obras magistrales se agrega más de un centenar de trabajos médicos y psicoanalíticos y un apreciable número de brillantes intervenciones en Congresos y Simposios, aparte de su destacada participación en la Academia Nacional de Medicina. Recuento elemental, pero que da fe de la labor fructífera de un verdadero científico de la medicina y del psicoanálisis. Vida fértil para la ciencia, como fértil y rica ha sido su existencia en clientela, en amistades y en progenie (doce hijos y un número importante de discípulos, amigos y pacientes).
Sin embargo, lo que más quiero destacar es su rol como "hermano mayor" del clan fraterno que perduró y, por ende, sostuvo a la Asociación Psicoanalítica Colombiana durante la crisis que sobrevino a la ruptura de 1962 y que, posteriormente, se hizo cargo de su promoción como Sociedad componente. Ante la enfermedad que hoy padece nuestro querido amigo y compañero, he querido recordar el papel que desempeñó durante el crecimiento y desarrollo de la Asociación. Sin pretender ser un líder entre nosotros, su voz autorizada, su brillante inteligencia, su sentido histórico, su fino humor para destacar lo superfluo y su enfoque práctico de la terapia analítica, produjo siempre en sus amigos, maestros, discípulos y condiscípulos, la más profunda admiración. En consecuencia, muchas veces lo seguimos y otras tantas buscamos su aprobación y su consejo.
Roberto nos ha estimulado siempre y en todo momento y, en buena parte, lo que José A. Márquez y yo logramos para la Asociación y para su Instituto de Enseñanza, se lo debemos a ese amigo entrañable que, a la vez, fue profesor, maestro e inspirador de nuestro trabajo.
Inspirador en el mejor de los sentidos, capaz de infundir y hacer nacer en la mente y en el ánimo de los demás los mas loables propósitos, dispuesto a sugerir ideas y temas para el desarrollo del psicoanálisis, capaz de iluminar el entendimiento de sus compañeros y mover su voluntad, crear designios, estimular afectos, avivar el genio de los autores y entusiasmarse con las obras ajenas. Un inspirador no sólo para el clan, sino para todos los miembros de la Asociación y las demás instituciones médicas y psicoanalíticas que lo extrañan profundamente en esta ausencia provocada por su enfermedad.
Con mis deseos mas profundos por la recuperación del Dr. De Zubiría, pido a todos los miembros de la Asociación que se exalte su obra en cada oportunidad que se presente. Aún cuando los lazos de amistad que nos han unido permanecen igual de fuertes, en realidad, el clan de hermanos ha dejado de existir. Tanto el doctor Márquez como el que escribe seguimos apuntalando la institución desde nuestras posiciones como miembros de la comisión directiva de la Asociación y del comité docente del Instituto de Enseñanza Arturo Lizarazo (IDEAL). Pero, desde antes de que se presentara la reciente enfermedad del doctor De Zubiría y debido, quizás, a la percepción de que la Asociación ya no necesitaba del clan para su sustentación, se produjo lentamente la extinción de nuestro funcionamiento en grupo. En el pasado fueron muchas las decisiones que se tomaron a ese nivel, casi todas afortunadas para la Asociación, pero, es claro que esta ya no las requiere y que, hoy por hoy, debe continuar su desarrollo apoyada en la claridad de sus metas y en la experiencia acumulada de la I.P.A.
Ha sido doloroso no poder visitar al amigo que se consume por la enfermedad. Pero consuela constatar que desde la lejanía de su ausencia, brilla en el firmamento psicoanalítico como la Estrella de Oriente que nos guía en las noches oscuras y que él, como astrónomo avezado, pasa las horas observando con su telescopio, entre absorto y juguetón, en su finca de los Llanos Orientales de Colombia.
Solicito al Dr. Pedro Vargas, Director de Relaciones Societarias, quien preside este homenaje al Dr. De Zubiría, agregue a mi trabajo el siguiente comentario: No imaginé que, a raíz de esta reunión, se iba a producir el reencuentro con Roberto, a quien hemos extrañado con profundo afecto. Agradecemos a su admirable esposa y a él mismo que nos haya dado esta satisfacción, el mejor premio al esfuerzo que hemos realizado por revisitar y sintetizar su extraordinaria obra.
Por:
Mario González Velásquez, APC.
Goody, J (1.975) Parentesco: seudoparentesco, Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. Aguilar, Madrid, p.p 591-601.